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La vuelta al mundo
Sarkozy, la nueva derecha francesa
Por Rogelio Alaniz Si las palabras representan algo, no está mal decir que en Francia ganó la derecha liderada por Nicolás Sarkozy. El flamante presidente sería el primero en sentirse identificado con esa palabra, sobre todo si se tiene en cuenta que siempre se preocupó por revitalizar ese espacio político despojándolo de complejos e inhibiciones provenientes de otros períodos históricos. Desde la Segunda Guerra Mundial, en Francia, pero en general en Occidente, la derecha se mantuvo a la defensiva. Sus dirigentes eran antisocialistas o anticomunistas, pero se esforzaban por presentarse como centristas y hasta admitían -a regañadientes eso sí- que había algunas consignas de la izquierda que eran valiosas. La diferencia que incorpora Sarkozy a la realidad política francesa es que de aquí en más, la derecha decide asumir su condición de tal y actuar en consecuencia.> Esta derecha que defiende la propiedad privada y el orden, la economía de mercado y la idea de nación como identidad política beligerante, se identifica más con la tradición encarnada en su momento por Thatcher y Reagan que con la clásica tradición derechista francesa representada en los últimos cincuenta o sesenta años por el degaullismo en sus diferentes variantes.> Una nueva derecha se ha instalado en Francia diferenciada de las políticas de Chirac o Giscard D'Estaing, pero también diferenciada de las posiciones extremistas de Jean Marie le Pen, el gran derrotado en estas elecciones. Digamos que en Francia se impuso la derecha posible, una derecha que no va a renegar de los valores democráticos pero que los va a interpretar a su manera; que no va a hacer de la xenofobia una bandera de lucha pero que tampoco va a abrir la frontera a los inmigrantes; una derecha que va a defender la identidad cultural francesa pero se va a esforzar por mejorar la relación con Estados Unidos acompañándolo, siempre y cuando sea posible, en los temas principales que hoy integran la agenda internacional.> En un solo movimiento, Sarkozy derrotó a los socialistas y a la extrema derecha. Previamente se había preocupado por diferenciarse de Chirac y toda la tradición degaullista. Es ése el singular sentido de novedad que tiene su experiencia política, novedad que hasta el momento le ha permitido ganar la presidencia, aunque está por verse si desde el lugar conquistado podrá gobernar a Francia.> Quienes conocen a Sarkozy lo describen como un hombre inteligente, dominado por una pasión infinita de poder. Su gran talento fue presentarse ante la sociedad como un político que dice las cosas de frente, que no le teme a la incorrección política y que si tiene que decir "escoria" a los delincuentes les dice "escoria" sin que le tiemble la voz.> Su fortaleza puede ser al mismo tiempo su debilidad. Sus posiciones frontales, beligerantes han polarizado a Francia y en ese contexto se le hará muy difícil presentarse como el presidente de todos los franceses. También Sarkozy debería saber de aquellas reflexiones de Bartolomé Mitre cuando su sector más radicalizado le pedía que tome medidas drásticas: "Debemos aceptar a la Argentina (a Francia) tal como la hicieron Dios y los argentinos (los franceses) para que con la ayuda de Dios y los argentinos (los franceses) la vayamos cambiando de a poco".> Sarkozy expresa en las actuales condiciones históricas el triunfo de las ideas neoliberales que, como la experiencia lo está demostrando, siguen gozando de muy buena salud. Como todos los políticos de raza, Sarkozy deberá manejarse en los límites de lo posible. Su programa de derecha lo aplicará hasta donde las circunstancias se lo permitan. No sólo los izquierdistas "traicionan" su programa cuando llegan al gobierno; los derechistas también deben adaptarse al humor de las sociedades y lidiar con las resistencias del poder. Por lo pronto, Jean Marie le Pen lo ha acusado de farsante; es muy probable que en el futuro otros derechistas se sumen a estas diatribas.> Por el lado del socialismo se sabe que su derrota era previsible. Antes de ser derrotada por Sarkozy, SŽgolene Royal había sido derrotada por los propios socialistas, cuyos principales dirigentes le negaron el pan y el agua y, cuando decidieron apoyarla, ya era tarde. Seguramente su condición de mujer tampoco contribuyó a la victoria. Francia se ha revelado como el país más machista de Europa y en todo momento estuvo presente en la campaña la descalificación, sutil, apenas insinuada, a la mujer. La estrategia apuntó a poner en evidencia los límites de una mujer para gobernar. SŽgolene Royal no era mala pero era "nerviosa", era inteligente pero podía ser histérica. Los prejuicios después hicieron el resto.> Responsabilizar al machismo de la derrota socialista sería simplificar demasiado el análisis. Las causas que explican un resultado electoral son diversas, pero no es razonable colocar entre las principales la condición femenina de la candidata en un mundo en donde Merkel, y en algún momento Margaret Thatcher, llegaron al poder con el voto popular. Es verdad que parecería que las sociedades modernas están más dispuestas a aceptar una candidata de derecha que de izquierda, pero tampoco sería aconsejable hacer de esa reflexión un absoluto.> Digamos que en Francia, y tal vez en Europa, existen condiciones históricas para que la derecha gobierne. La izquierda en el siglo veinte tuvo dos grandes banderas: la revolución social o los estados de bienestar en clave reformista. Estas dos banderas hoy están en crisis y el ciclo conservador o neoconservador mantiene vigencia en Europa y en Estados Unidos en términos de larga duración histórica.> En América Latina la única alternativa, bastante dudosa por otra parte, a esta hegemonía, es el populismo, cuya manifestación más radicalizada es Chávez en Venezuela y su expresión más cautelosa parece ser Lula en Brasil. Se sabe que los ciclos económicos existen y es muy poco lo que se puede hacer con estas tendencias fuertes que nacen desde el fondo de la historia; ahora también hay que saber que existen los ciclos políticos, porque a la victoria de Sarkozy en Francia hay que interpretarla desde ese lugar.> |


