Si bien en ciertas usinas del oficialismo se habla de la traición de Cobos, no existen fundamentos jurídicos o políticos que convaliden esa afirmación. En principio, Cobos no traicionó ninguna propuesta programática. El aumento de las retenciones no estaba en el programa del Frente para la Victoria, entre otras cosas porque si así hubiera sido los productores rurales no habrían votado a Cristina de Kirchner, como lo hicieron en los comicios de octubre.
Para convalidar la hipótesis de la traición se pone como ejemplo el caso de la vicepresidenta española, que siempre votó a favor de Zapatero. Pero la comparación no es válida. La vicepresidenta pertenece al mismo partido de Zapatero y participa de las reuniones de gabinete. Cobos no es peronista y nunca fue informado institucionalmente acerca de las consideraciones de la política oficial. El gobierno de los Kirchner no convoca a reuniones de gabinete. Y si lo hiciera es muy probable que Cobos no participara.
Los voceros kirchneristas admiten que el radicalismo K integra la coalición. El dato es verdadero, pero habría que señalar que no existe ningún espacio institucional en el que los radicales K, con Cobos incluido, puedan debatir las políticas oficiales. Tal como se presentan los argumentos del oficialismo, da la impresión de que el vicepresidente llegó a ese cargo gracias al favor o la generosidad de los Kirchner. Como dijera uno de sus colaboradores: Cobos no le debe nada a nadie desde el punto de vista político.
Los votos que obtuvo el Frente para la Victoria pertenecen a la fórmula. Discurrir sobre quién contribuyó con más votos es un ejercicio vano. Aceptando incluso que Cobos es el socio menor, su aporte electoral fue decisivo para impedir que hubiera, por ejemplo, una segunda vuelta. Comentaristas políticos afines al oficialismo señalan que Cobos representa al Poder Ejecutivo en el Congreso. Error. Cobos representa a sus votantes.
Otro analista oficial señala que si el vicepresidente discrepa con el presidente, lo que debe hacer es renunciar. El argumento abreva en la añeja tradición populista y autoritaria que convalida la idea de que los candidatos son puestos por el caudillo, el jefe o el líder, y que no tienen vida propia. En una república seria, las candidaturas son resueltas por los partidos políticos en asambleas o elecciones internas. Esto no sucede en la Argentina desde hace rato, pero el vicio o la torpeza no pueden ser empleados como coartadas para justificar un error conceptual.
Se señala que la traición del vicepresidente fue un golpe bajo al Ejecutivo. Al respecto hay que señalar que desde hacía por lo menos dos meses Julio Cobos había planteado una posición política diferenciada de la que sostenían los Kirchner. Pertenece a la tradición peronista el refrán "Quien avisa no es traidor".
Por último, hay buenos fundamentos para reconocer que el voto de Cobos oxigenó y distendió el clima político nacional. Importantes dirigentes del justicialismo consideran que de alguna manera el rechazo a la resolución 125, les permitió a los Kirchner salir de un atolladero con final imprevisible.