"Bueno, levanten muchachos, vamos a hacer al revés", dijo nuestro guía. "Nos vamos hasta donde termina la zona de pesca, allá en La isla Malabrigo y desde allá volvemos probando".
Apretó acelerador como si estuviera en la largada del concurso y viajamos unos 50 minutos. Al llegar buscó sobre las caídas de agua de una laguna donde se veía que salía la carnada hacia el río. Parecía un lugar inmejorable pero no duramos más de 5 minutos: en cada lugar las voraces palometas parecía que nos estaban siguiendo.
Nos corrimos hacia el medio del río, cambiamos plomada y nos dispusimos a garetear buscando los bancos de arena y la caída en la profundidad. Llegado el mediodía nuestro estómago decía que era hora. Nos arrimamos a la costa, nos atamos en un lugar con muchos raigones y sanwiches en mano se sintió un ruido característico a corcho: un traguito de malbec para esta ocasión viene bien...
Volvimos a cambiar las brazoladas y con chicotes verileros y plomo de unos 100 gramos tiramos entre los palos. "Estén atentos -nos dijo- que si prendemos uno, tenemos que soltar enseguida la lancha para no perderlo entre los raigones".
Las horas pasaban y junto con ellas las esperanzas se desvanecían. Si bien no nos podíamos quejar -la pesca variada que estábamos logrando era ideal, desde mandubíes, cucharones, armados, patíes y hasta corvinas habíamos capturado-, lo que vinimos a buscar no se hacía presente. Con cara de preocupación nuestro guía cambiaba de lugar cada vez más rápido y luego de unos minutos repetía la pregunta: "¿algún toque, muchachos?". Las respuestas también eran repetidas: "nada".
"Bueno, entonces cambiemos de lugar". La tarde pasaba más apurada que nosotros, se nos iba más rápido de lo que pretendíamos cuando Fede dijo: "muchachos, la última que nos queda es garetear otra vez".
Luego de recorrer cientos de metros con la lancha a la deriva, junto con la caída de la tarde cayó también la puntera de la caña del Fede. Nuestro guía cañó dos veces como para asegurarlo y la corrida firme hacia los laterales nos dibujaba una sonrisa. "No me podían fallar, si yo sabía que estaban, pero se hizo rogar más de la cuenta..."
La pelea duro más de lo habitual. La intención era que se canse y no por apurado se termine yendo sin que lo veamos. Luego de pasearse de un lado a otro en la punta de la lancha, se asomó un hermoso surubí atigrado. Sapucay, abrazos, fotos y a descansar: misión cumplida.
Si bien no va a ser fácil obtener varios piques de surubí durante el día, buscándolo por todos lados y de todas las formas posibles se puede lograr alguna buena captura.
Está todo listo: el desafío es parte de cada concurso. Una edición más nos convoca y Reconquista te pone a prueba un año más. No podés faltar. Santa Fe tiene un grande y de tu participación, amigo pescador, depende que siga creciendo año a año. Por eso este 12 de octubre todo el pueblo reconquistense se pone a tu disposición.
La estadística dice que el año pasado fueron 533 embarcaciones, 1.599 pescadores, 300 surubíes capturados y devueltos al río, 2500 pescadores en la noche del viernes en la fiesta de las peñas y 3500 en la cena oficial.
Más de $130.000 en premios. Para el que logre capturar y devolver la pieza mayor, se llevará ni más ni menos que $25.000. El costo de la inscripción es de $ 520 por trío.
Informes:
[email protected] y [email protected]
te 03482 425022
Pesca con los que saben.
Federico Rufinacht
Te. 03482 15408735
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