Opinión: OPIN-06
Llegan Cartas
Con los ojos del corazón

Señores directores: En el silencio de la noche, cuando las luces se apagan y sólo en penumbras podemos observar las siluetas de los cuerpos acurrucados, con frío y sin descanso, de los acompañantes de nuestros pequeños pacientes, se percibe la angustia, el dolor, la agonía y la muerte, palabras duras quizás para el común de la gente pero tan familiares para nosotros que compartimos a diario con ellas. Entonces siento que cada lugar público o privado que se dedica a atender a los enfermos es como un punto de luz, en donde se brinda atención, cuidado, contención, educación y afecto, guiado siempre por una fuerza superior que es la del amor al prójimo.

Nuestra profesión de enfermeros es la más grande del mundo, y tal como yo la pienso, la más completa de todas, aun sin ser reconocida como se debería. Muchas tareas realizan a diario que están relacionadas con el enfermo pero no competen específicamente al enfermero, pero como nosotros estamos las 24 horas del día y los 365 días del año sin sábados, domingos, ni feriados, realizamos tareas de psicólogos, asistentes social, sacerdotes, nutricionistas, y éstos por nombrar algunas profesionales ausentes en tiempo y forma.

Quiero compartir con la gente que es la que necesita de nuestros servicios esta que es mi inquietud y necesidad, de poder ser reconocidos como personas que sienten y sufren, con una carga emocional muy grande por la demanda propia de la vida, la familia y la sociedad; debemos atender todos los llamados y muchísimas veces nos olvidamos de nuestras propias necesidades personales y comenzamos a debilitarnos.

Las jornadas de trabajo para un alto porcentaje de compañeros es de 16 horas diarias, doble empleo, doble jornal para cubrir los gastos y llegar a fin de mes, pero no nos damos cuenta de que el precio es muy alto y enfermamos. Otro dato relevante es que la calidad de atención es deficiente y las necesidades básicas de reposo, descanso, sueño y alimentación están alteradas.

Quizás deberíamos hacer un alto en este momento y replantearnos esta situación y pensar cómo podemos "cuidar a los que cuidan", a aquellas grandes personas que velan por la salud de la comunidad.

Procurar un salario que permita cubrir todas las necesidades básicas humanas y cuya remuneración esté basada en una jornada de 8 horas diarias, 40 horas semanales, para asegurar una mejor calidad de vida, con el descanso adecuado, compartiendo más horas con la familia y con uno mismo; dedicando un tiempo libre para recreación; deporte, arte, música, amigos para vivir en unidad con todos sin sentirnos aislados y desprotegidos.

A veces me parece un sueño ver la distribución de los salarios, la desigualdad de la riqueza; el hombre que se cree omnipotente sin tener en cuenta que de la enfermedad y de la muerte no se salva nadie.

Graciela Bulacio.DNI. 13.472.994. Enfermera Hospital de Niños.