El Litoral
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La muestra cuenta con un área donde se pueden conocer 200 años de inventos argentinos: los técnicos pero también los culturales, que ayudaron a forjar una identidad nacional. Un repaso desde la primera cosechadora y el helicóptero hasta el tango-canción y la pelota sin costuras.
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“Yo quiero inventar una moto voladora”, dice Valentino frunciendo el entrecejo. “Yo no sé todavía”, duda Angelina. “Yo un helicóptero que vole (sic, vuele) mucho más rápido que un avión”, se entusiasma Santino. Eran alumnos de la localidad de Gálvez, de la Escuela N° 290, y se las tenían que ver con una actividad de proyecto inventivo. En la mesa había un millón de piecitas raras de goma para ensamblar.
Partir de la curiosidad, de un ingenio incipiente era algo así como la consigna. Los alumnos estaban medio apretados en una sala exclusiva para “inventar”, aunque con lograr una idea llamativa alcanzaba. Era la sala de los “200 años de inventos argentinos”, en el predio de la Estación Belgrano, una de los espacios de la muestra Tecnópolis Federal de la ciudad.
¿Por qué es novedoso este espacio? Primero, porque da a conocer inventos patentados, muchos de los cuales revolucionaron el mundo y que son argentinos. Sí, creados por argentinos, o por inmigrantes que probaron suerte en el país y desde aquí idearon algo que cambió la vida de millones de personas.
La huella dactilar es un invento argentino. El helicóptero, tal como se conoce su diseño actual; la birome con la que se escriben kilómetros de palabras por hora a lo largo del planeta; el colectivo, que transporta a miles de millones de personas por día, son “argentos”. Hasta el blister donde vienen hoy los medicamentos (la emblistadora) es Made in Argentina.
“Hay muchos inventos creados aquí y la gente desconoce por completo que su procedencia es de nuestro país”, explica a El Litoral Eduardo Fernández, director de la Escuela Argentina de Inventores. En Sunchales, sin ir más lejos, se creó la primera cosechadora automática (Rotania). El torniquete se inventó en Santa Fe en 1890; el bastón para ciegos, el corazón artificial, el dibujo animado, el helicóptero. “Está aquí todo el espectro de inventos profesionales de hace dos siglos hasta la actualidad”, subraya.
lnventos técnicos y los culturales
Fernández explica la diferencia que hay entre los inventos técnicos y los del acervo cultural. “Los primeros son objetos, que están patentados. La birome o la máquina cosechadora fueron patentados y tienen una trascendencia mundial, por ejemplo. Y los culturales son los que surgen de las tradiciones. El tango-canción no está patentado, es patrimonio simbólico de los argentinos, es un invento cultural”.
Una patente es un registro de propiedad otorgado a un invento técnico que debe cumplir determinados requisitos. “Uno, la novedad absoluta; dos, un aporte creativo; tres, la aplicación industrial”, precisa el director. Dentro de los inventos más actuales están la emblistadora de medicamentos, un destapador para champañas, las balizas plegables, entre otros.
Y el bypass (que diseñó el gran médico René Favaloro) “no fue un invento porque no es un objeto técnico, es un técnica quirúrgica. Por eso no fue patentado”. Aunque Fernández destacó la gran inventiva del médico cardiólogo: hoy el bypass salva miles de vidas.
Por los stands
El sistema de aparatos para la transfusión de sangre almacenada fue creado en 1914 por el Dr. Luis Agote (médico, político, inventor y docente argentino). Servía para almacenar y transfundir sangre en base a un compuesto de citrato de sodio, que evitaba que la sangre se coagulara. El stent expandible es también un invento argentino, y lo ideó el Dr. Julio Palmaz.
La primera cosechadora automotriz es argentina. La creó don Alfredo Rotania, que fue agricultor y herrero pero sobre todo, visionario e inventor. El colectivo, otro invento nacional: con la crisis de 1928, las personas dejaban de utilizar el taxi porque era muy caro. Y dos amigos idearon un nuevo medio transporte de colectivo donde fueran varias personas, y más barato. El 24 de septiembre el es Día del Colectivo.
El helicóptero, tal como se conoce su estructura actual, fue creado por Raúl Pateras de Pescara, ingeniero y empresario, quien creó los diseños de helicópteros más avanzados de su época y abrió la puerta para la evolución técnica de este medio de transporte aéreo. Augusto Cicaré (1937) también dio su aporte con un diseño específico de helicóptero: sin recursos técnicos ni demasiados conocimientos, se lanzó a la aventura y lo logró.
Curiosidades
El “abrefácil”, esa pequeña pestaña pegada a una cinta que sirve para abrir los paquetes de galletitas (lo creó la empresa Bagley) está dentro de los inventos argentinos. La Hesperidina —quienes peinan algunas canas la recordarán— es una bebida alcohólica creada por un argentino. Nacida en 1867 aún se fabrica, y hay toda una evolución de la marca hasta la actualidad.
El fileteo porteño es un invento cultural, un arte urbano. La pelota sin costura, también: Unos cordobeses introdujeron un cambio en el diseño de la pelota de fútbol que fue definitivo a nivel internacional. El Pato (deporte) y la pelota paleta llevan la marca de la inventiva del ADN argento.
El dulce de leche fue una receta que nació por error (a una cocinera se le “pasó” la leche hervida). Remite a 1899 en Cañuelas, provincia de Buenos Aires. Y el tango-canción —es decir, cantado— y se le atribuye al “Zorzal Criollo”, Carlos Gardel, en 1917.
Biró y la birome
Ladislao José Biró fue el creador de la birome. En ese espacio de inventos hay una réplica de su taller, en el que creaba e inventaba, y toda una evolución de la marca a lo largo del tiempo. El espacio de “200 años de inventos argentinos” es patrocinado por la Fundación Biró en Tecnópolis Federal de Santa Fe.
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“La creatividad es un concepto abstracto. Por el contrario, la invención es algo concreto: se crea algo, un objeto que resuelve un problema, se fabrica, se patenta y se vende. No está sujeto a interpretación”. Eduardo Fernández, Director de la Escuela Argentina de Inventores