El pasado 21 de marzo se celebró el Día Mundial de la Forestación, motivo por el cual este martes se realizó el acto conmemorativo en el Parque Garay, en las inmediaciones de la parroquia San Pedro. Se plantaron árboles autóctonos y se ofrecieron charlas alusivas recordando la importancia de la fecha.
Participaron la vecinal Parque Juan de Garay, el Rotary Los Constituyentes, la parroquia San Pedro, la Asociación Cooperadora de la Estación Zoológica Experimental, alumnos de las escuelas Constituyentes, Avellaneda y Padre Catena, y el Centro de Protección a la Naturaleza.
Este año, el lema del día mundial es ``Sin bosques no hay vida''. La fecha se recuerda desde 1971, cuando a instancias de la Confederación Europea de Agricultura, los Estados miembro de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO), aceptaron que todos los 21 de marzo se recordara el Día Forestal Mundial _ya que representa el primer día de otoño en el hemisferio sur, y el primer día de primavera en el hemisferio norte_, con el fin de otorgarle un carácter simultáneo en todo el mundo.
A través del tiempo, la mayoría de los países apoyaron esta iniciativa, a pesar de que su conmemoración no es similar en todos: unos ``celebran'' el acontecimiento, otros se olvidan impunemente y los más no tienen idea de la significancia ni de la trascendencia y repercusión directa en la calidad de vida humana que brindan las masas arbóreas.
Cabe recordar que los bosques del mundo son de vital importancia para la sobrevivencia diaria de más de 300 millones de indígenas y campesinos, que dependen de los ecosistemas boscosos en forma directa. Estas comunidades han ideado sofisticadas normas de manejo de cuencas, áreas colectoras de agua y ecosistemas boscosos frágiles y poseen un patrimonio de conocimiento sobre el uso racional del suelo y la protección del bosque. Sin embargo, aquellos que se benefician en forma indirecta, raramente reconocen la tarea de estas comunidades.
Peligro: deforestación
En este sentido, Carlos Manessi, presidente del Centro de Protección a la Naturaleza, explicó que resulta interesante aclarar que una plantación forestal no es un bosque plantado, ya que resulta evidente que no es posible plantar ni la diversidad de flora y fauna que caracteriza a un bosque, ni el conjunto de interacciones con los elementos vivos e inorgánicos que se dan en él. Una plantación comercial a gran escala, se compone de una o dos especies de árboles (a menudo, exóticos), plantados en bloques homogéneos de la misma edad y muy escasas especies de flora y fauna.
En tanto, recordó que, en 2007, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (Pnuma) propuso plantar un millón de árboles en todo el planeta. Esa expectativa fue cubierta con creces por grupos de voluntarios que superaron, incluso, la acción de las políticas gubernamentales de cada país. Esta predisposición y voluntad manifiesta refleja la preocupación creciente de las comunidades por la forestación.
Sin embargo, aclaró que los últimos registros en nuestro país reflejan una pérdida exponencial en los últimos años, donde se ha llegado a deforestar hasta 300.000 hectáreas anuales; como ejemplo, en la provincia de Salta, poco antes de sancionarse la Ley de Presupuestos Mínimos de los Bosques Nativos en el 2007, se autorizó la deforestación de casi medio millón de hectáreas.
Y agregó que _durante un año_ debería suspenderse toda tala en el territorio de la Argentina, hasta tanto cada provincia realice su mapa de riesgo de foresta nativa. En Santa Fe, durante 2008 hemos recibido denuncias de tala en los departamentos Las Colonias, San Justo, Vera y General Obligado.




