Numerosos llamados de vecinos del complejo habitacional Las Flores I dieron cuenta de su preocupación por la presencia de una familia que, de un tiempo a esta parte, los amedrenta y hostiga.
``Las Flores I es el infierno'', se escuchó decir desde el otro lado del auricular, cuando uno de sus habitante se comunicó por teléfono a la redacción del diario para hacer pública su denuncia.
Los reclamos se corresponden con lo que sucede particularmente en el monoblock N° 4, donde desde hace meses los ocupantes de un departamento comenzaron a atentar contra sus vecinos, al punto que pusieron en riesgo propiedades, así como su integridad.
``Los vecinos se van porque tienen miedo'', aseguró otro habitante muy enojado. En diciembre del año pasado denunciaron los hechos en la subcomisaría 3ra. de Policía, pero el calvario todavía no termina.
El temor es tal, que los denunciantes pidieron absoluta reserva de sus identidades, puesto que de ella dependen sus vidas.
Desde entonces, el clan familiar logró que cinco propietarios abandonaran el barrio, teniendo que salir hasta por las ventanas para evitar enfrentamientos. Los delincuentes ocuparon departamentos del primero, segundo y tercer piso.
Las constantes amenazas, algunas mediante el uso de arma de fuego, también quedaron registradas en la fiscalía judicial, y si bien la historia del monoblock 4 llegó a oídos de algunos jueces y del actual Jefe de Policía, la difícil situación no está resuelta.
Clan delictivo
En cuanto al grupo familiar, se sabe que son al menos tres mujeres que viven con su madre. Además, dos varones, uno en prisión por homicidio y el otro que recientemente se suicidó luego de que lo detuvieran por el crimen de un chico de 16 años.
De las mujeres, una sería una falsa monja, que entre las historias que se cuentan, habría llegado a arrojar agua hirviendo a un grupo de chicos que jugaban en el patio. También pasea ``con un cuchillito'', amenazando a los más pequeños.
Una de las hermanas pasó una temporada en prisión, acusada de haber asesinado a una mujer de 34 años, en la esquina de Blas Parera y Millán Medina, el 29 de abril de 2006. A un testigo de ese caso le incendiaron el auto para que no hablara.
De la tercera hermana poco se sabe, pero estaría lejos de ser una santa.
La historia de los varones no es menos grosera. Uno está preso desde hace tiempo, condenado por un caso de homicidio cometido en cercanías de la escuela Ballarini, en el barrio Cabal.
El otro tenía 44 años cuando apareció colgado, la semana pasada, en una celda de la Jefatura. Estaba detenido, acusado de haber asesinado a un chico de 16 años, en un confuso episodio en el que intentó herir al hijo de su ex pareja.
Pocos días antes de su detención habrían sido varios quienes lo vieron pasearse por el patio de la torre 4, con una escopeta en bandolera, emulando a un guardia de seguridad privada.




