Rogelio Alaniz
Una zamba lo hizo famoso. Curiosamente esa zamba -entonada por los Fronterizos- lo recuerda como el personaje que “matando viene y se va”. Yo era chico cuando la escuchaba y suponía que se trataba de un bandido popular. La infancia es crédula. Más que prestarle atención al detalle de la letra, me dejaba dominar por el clima que transformaba a un bandolero en una leyenda. Felipe Varela en la zamba no es un héroe positivo, pero el mito lo trasciende “Galopa en el horizonte tras muerte y polvaderal...”, reúne todas las condiciones estéticas para estimular las emociones.
La otra canción que lo evoca es la “Zamba de Vargas”. También en este caso le toca desempeñar el rol de villano porque los héroes no son los caudillos federales sino los unitarios. Taboada derrota a Varela y -según la leyenda- lo hace a través de una zamba. Los revisionistas después van a decir que la letra falsifica la realidad, que los músicos que se la juegan a favor de la tropa son de Varela.
¡Pobres revisionistas! ¡Siempre los salvajes unitarios les falsifican la historia y los dejan como los malos de la película! La derrota en ese sentido es doble. Un revisionista que se precie puede perder un debate con documentos, archivos y hermeneútica, porque en definitiva esos procedimientos intelectuales no interesan demasiado al alma popular, pero lo que no se pueden permitir es ser derrotados con una zamba, justamente ellos que han hecho de esos recursos su arma preferida para pensar la historia.
La emotividad liviana, el culto a los instintos primitivos, la reivindicación de un estilo de vida natural y bárbaro, suele ser la estética preferida de los revisionistas, prisioneros de un romanticismo tan trivial como reaccionario. Los caudillos se presentan como hombres valientes, toscos y sinceros, enfrentados a los doctores liberales de la ciudad, delicados, tal vez algo afeminados, hipócritas y mentirosos, cobardes e intrigantes y vendidos a la codicia extranjera.
El escenario puede llegar a ser atrapante, pero es falso. Muchos de los señores de frac eran federales y no fueron pocos los caudillos que adhirieron a la causa unitaria. Respecto al gaucho, puede citarse a Borges quien postula que nunca fue capaz de dar a la patria un solo caudillo, ya que eran hombres de Lavalle o Quiroga, de Lamadrid o López, de Paz o Rosas, es decir, seguían a un jefe sin preguntar demasiado acerca la ideología o el proyecto político de ese jefe.
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