Ligia Piro hace tiempo eligió un camino que la deja a solas con su voz, que sigue estando firme, potente, afinada, poniéndole el sentimiento justo y el tiempo adecuado a cada tema. Foto: Gentileza producción
Permítanos la broma, que en rigor es certeza. “De la mano de Bajo Tierra, el nuevo espacio musical ubicado en Torres de Manantiales, y con el respaldo del club de jazz porteño más destacado del país, Bebop Club, este jueves, viernes y sábado se presentará con doble función la gran cantante Ligia Piro”.
“Ligia Piro, una de las voces más bellas y versátiles de nuestro país, llega a Mar del Plata para dar seis conciertos inolvidables en Bajo Tierra By Bebop. Además, la reconocida intérprete estará acompañada por el legendario guitarrista Ricardo Lew”. Fuimos. Escuchamos. Contamos.
En realidad, se trata de un bellísimo lugar que reproduce aquellos sótanos y refugios de los “Café concert”. Es eso.
Un pequeño escenario central. Mesas, El subsuelo de Torres de Manantiales, un complejo inmobiliario que es de los más altos de la ciudad (allí se asientan las torres de las más importantes radioemisoras de FM de la ciudad, por su altura y cercanía al despejado conductor de ondas... el agua. Como en todo sótano Café Concert las mesas están ubicadas para salvar lo obvio. Las columnas que mantienen el edificio. Lo consiguen.
El sonido es bueno. Ignoro una super banda atronando si se escuchará con claridad y... tranquilidad, pero no es lo usual en estos sitios. Anuncian a Malossetti y otros ejemplares de ese amplio espacio que es el Jazz y sus arrabales.
No fueron muchos los avisos indicando la presencia de la cantante. Alcanzaron. Un Café Concert lleno esperó cada una de las seis funciones de la vocalista.
Ese “aparato mágico” que es Ricardo Lew es la espalda, el bastón y la espada solista que acompaña, con su guitarra, a la cantante. Por ese caminito va el show. Confiesa 77 años. Pueden ser 1.177. Da igual. Lo suyo es tocar y transmitir lo justo para que la voz cantante haga lo suyo. Pocos como Ricardo. Pocos.
Ligia Piro hace tiempo eligió un camino, un caminito (¿“florido y soleado”?... no, seguro que no, de eso hablaremos) un caminito que la deja a solas con su voz, que sigue estando firme, potente, afinada, poniéndole el sentimiento justo y el tiempo adecuado a cada tema.
Lo suyo ya no es “el cover” sino la creación sobre temas que van desde “Fiebre” al “Summertime” de Ira y George Gerswin con textos de DuBosse Heyward, cantado a capella como bis del bis en el cierre. El escritor Heyward es el autor de novela y obra de teatro donde se basa la ópera “Porgy and Bess”.
El repertorio fue este: 1- “I’ve got the world on a string”. 2”- “Blue moon”. 3- “Love”. 4- “Fly me to the moon” 5- “A RA”. 6- “Your song”. 7- “Blackbird”. 8- “Fever”. 9- “Barro tal vez”. 10- “Berimbao”. 11- “Zamba para olvidarte”. 12- “The man I love”. 13.-“Can’t buy me love”. Con su hija Elisa cantó un tema casi, casi infantil: “It’s a lovely day today”.
Con “Zamba para olvidar”, de Daniel Toro, aquel solista de Los Nombradores, compositor de tantos temas con Ariel Petrocelli es este tema resurgido que Ligia Piro hizo que explotase en Bajo Tierra. En aquella primera versión de Daniel Toro el tema existió popularmente pero allí se quedó. Reversionado, años después, este tema de los gerundios de angustia (“no sé qué venís buscando...”) se convirtió en un tema que sirve para abrir puertas a diversos públicos. Ligia no empezó a cantarlo y los habitantes del café concert comenzaron a corearla. Rara cuestión una bellísima voz, con su caminito de jazz y canciones del más puro bossa, prestando el micrófono a sus espectadores para que se entusiasmasen con una vieja zamba de los años ’70. Merecería un estudio sobre qué cosas sí y cuales no en la música popular.
Personalmente (y esta es eso: una crónica personal) entiendo que entusiasme y deberían entender: no consigo ese fervor, no me entusiasma. Subrayo: el fenómeno existe, ni Ligia se escapa.
“Berimbau”, canción del más primitivo “orejero” de la canción popular brasilera, el guitarrista zurdo Baden Powell, con ayuda del inmejorable acople de Jobim, prestan un tema que sirve para demostrar que Ligia supera aquella versión de Mayssa y hace un bello juego de guitarra y “tarareo” (para no decir “scat”) con un tema definitivo: el homenaje a ése elemental instrumento negro que los jesuitas re acomodaron, re inventándolo desde aquella lejana llegada con los barcos esclavistas.
Donde Ligia Piro tiene su caminito central es en esa música que debe cantarse en inglés y sin traducción y regodearse, sentarse y escuchar, tamborilear los dedos y mover los pies en la butaca, en la silla. A eso fueron. Eso consiguen. La Piro no defrauda en nada.
Ligia transmite y el juego de vocales y consonantes (diferente la apoyatura en inglés que en español) encuentra en esta mujer una de las pocas que sabe qué hacer para seguir en ese, su caminito. No es sencillo. Es necesario estudiar, saber qué se quiere y sostenerse.
Ligia ha logrado encontrarse y solo cabe esperar que los conjurados -que existen que los hay, que requieren escuchar una buena voz, con buenos temas melódicos y letras exactas, que son las que componen ese trozo de la historia de la música popular- sepan donde está.
Donde se encuentre “la Ligia Piro” habrá buen jazz cantado. Hasta ahí es posible asegurar, también asegurar el aplauso. No es el ancho camino de la complacencia, que eso quede claro y tómese como lo que es: un admirativo elogio a quienes no se apartan de su caminito, que no es necesariamente florido y soleado pero que esto si es visible, audible, agradable, es definitivamente honesto y eso vale, vale mucho. Cantar... seguirá cantando. De eso hay seguridades.
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